05 septiembre, 2005

conspiro


La noche era tranquila, estaba por mi After intentando precisar alguna idea cuando todo se apagó.
Desde las ventanas solo se veía lo que iluminaban las farolas, pasaba algún coche y distinguía alguna sombra que curioseaba como yo en las ventanas. La acera del corte inglés la acababan de regar hacía poco, y la de enfrente, que es la mía, estaba seca. No sabía que se discriminaban las aceras, ni que existiera una política invisible de prioridades de limpieza nocturna.
Todo seguía casi a oscuras y yo me empecé a calentar. Estaba ahí, de pié, con las manos en los bolsillos, con cara intimidatoria mirando para la acera vip. Intentaba imaginar de quién podría haber partido la brillante idea de sugerir algo así, un pacto de mangueras oculto. Es tan raro que lo raro sería pensar que existe, pero igual más gente como yo lo piensa, y de repente me convierto en el ponente de una teoría silenciosa y malpensada con razón. Pero no es éste el tema.
Esa imagen de contraste de aceras recordé que era común. Son cosas que no enlazas, que te dan igual y que no piensas, hasta el día del nudo, en el que te crees que eres más listo que ayer y empiezas a enlazar las cosas como Chazz Palminteri al final de Sospechosos Habituales.. Y ya tienes conspiración para pasar el rato.. también Colombo parece disperso, pensé.. y míralo qué listo. Me encendí un cigarro.
Me imaginé la presentación de una regata llena de autoriades públicas y de empresas privadas patrocinadoras.. un servicio de catering repartía pinchos copiosos y albariño, se formaban corrillos de corbatas y sonrisas, pequeños círculos informales de poder y favoritismos.. El concejal competente en limpieza, salud y aceras, habla distendidamente con el director provincial del corte inglés.. que si familia, barco, vacaciones.. y mangueras.. Seguro. No sé cómo ni en qué términos, pero algo pactan. Igual diez mil cortycoles son suficientes para un soborno de riégame aquí.. Nunca lo sabré.
Pensé en mi acera, en la máquina de preservativos que pusieron hace poco entre mi portal y la farmacia, en la farmacia, abre todos los días del año, en el bar, en la cafetería, en el quiosco dónde sello la ilusa primitiva, en la tienda de grifos, en el ebanista y en la panadera.. todo cumple una función diaria y tiene más vida que los escaparates que te acercan el invierno con maniquies estiradas.
Seguía ahí de pié, ofuscado, y cuando empecé a tener cara de presidente vecinal decidí desenfadarme, bajar marchas pero sin olvidar.
El apagón ayudaba a que el silencio fuera más intenso, me di la vuelta y caminé hacia lo oscuro. Mechero en mano como si tocasen una balada, me recorrí la casa buscando velas. Cuando ya estaba sentado en el salón y encendí la primera, pensé en la locura del Quijote y sus molinos, en la puta gracia que hace que no te crean cuándo lo ves todo tan claro.. y otra vez, querido Sancho, pensé en aceras secas y culpables.