26 septiembre, 2005

batallitas

El viernes entré en el súper para comprar clinex, sólo clinex. La cajera me miró cómo si fuera un yonki, como si escondiera en los vaqueros unas cuchillas de afeitar o una lata de ventrescas para su posterior reventa.. Le clavé mis ojos rojos intentando despreciar su desconfianza, no era tan difícil suponer una gripe y una necesidad, al fin y al cabo mi nariz era como un semáforo rojo que advertía el coto de virus.. Me cobró la bolsa con desaire, mirándome de reojo, y a punto estuve de estornudarle por incompensiva, de dejarle alguna cepa de una futura baja laboral. Pero pasé. La gripe disminuye mis reflejos y mi capacidad de respuesta. Y es que la cabrona, ahora hablo de la gripe, no puede ser más impertinente. Desde que vi de enano Érase una vez el cuerpo humano siempre me imagino batallas a cara de perro entre minúsculas unidades de virus y minúsculas unidades de glóbulos. Mientras se dan de ostias con estrategias desconocidas por los romanos, a mi me mantienen en pausa, con movimientos lentos y, como mucho, con fuerzas para musitar alguna queja o algún mimo. Mi desconocimiento de anatomía hace que me imagine el lugar de la batalla como una península abrupta, desconocida, con múltiples recovecos y trampas, con canales de acceso que raccionan al mínimo intrusismo, con alarmas de tacto, con órganos vulnerables.. los virus, vestidos con pieles y caras pintadas, se apoderaron de mi todo el fin de semana, comiéndome las palabras y las ganas de ser sociable, venciendo a los glóbulos que, desbordados por la sorpresa, tuvieron momentaneamente que recular.. Pero ya es lunes, y se han producido pequeñas victorias que mejoran síntomas y estrategias. Las provisiones entregadas a mis glóbulos de forma puntual cada ocho horas han servido para un reagrupamiento efectivo de venganza y reconquista. Ya estoy mejor, pero he consumido tres días con todas sus posibilidades. Y es que después de una gripe inoportuna con altas temperaturas, la cara te queda como un tablero del risk.